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Subida al Cerro del Tepeyac
Apéndice II.
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Introducción
Capítulo 1. La Santísima Virgen de Guadalupe mandó construir su templo.
Capítulo II. Se explica el modo de construir el templo.
Capítulo III. Camino fácil de subir el cerrillo del Tepeyac.
Capítulo IV. Milicia.
Conclusiones.
Apéndice 1.
Apéndice II.
Luis González
Cruciferos
Viacrucis de los Caballeros Crucíferos
Cantos Gregorianos

Oficios Comunes.

 

Prácticas para todos los oficios comunes y especiales.

 

1.- Se confiesan y comulgan diariamente.

2.- Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.

3.- Imita diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.

4.- Reza la liturgia de las horas bajo cualquier ritual aprobado por la Iglesia; parte el sueño para rezar el Oficio de Lectura. Si no pueden hacerlo así por alguna circunstancia, rezarán con todo su corazón y entendimiento siete padres nuestros siete veces al día.

5.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

 

Recomendaciones:

 

1.- Antes de disponerse a cumplir estos oficios habrá de haberse acrisolado en la vivencia de los 75 instrumentos de las Buenas Obras anotados al principio de esta Regla.

2.-Se ha de leer diariamente al amanecer estos oficios y se meditarán durante 10 minutos, hasta aprenderlos de memoria y se iniciará con aquellas prácticas que más trabajo le cuestan.

3.-Al amanecer arderá en su corazón el deseo de la perfección, obedeciendo el mandato de Jesucristo: “Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto”.

4.-Durante todo el día mantendrá alerta el aguijón de la conciencia, para enderezar su corazón al cumplimiento de estas disposiciones evangélicas, hasta que las adquiera como un hábito suave y propio de su persona, en la forma de actuar.

5.-Caminará progresando en estas prácticas, una a una, hasta grabarlas en todo su modo de ser y en su corazón, como el tesoro que son.

 

 

I. Oficio de suplicantes para que el Señor envíe trabajadores a sus campos. a todos los cristianos.

 

1.- Escucharán y meditarán diariamente estas palabras de Jesús: "La cosecha es mucha y los trabajadores son pocos. Supliquen pues al dueño de la cosecha que mande más jornaleros a ella".

2.- Oran y ofrecen sacrificios, para que el Señor mande trabajadores a su mies. Si detectan vocaciones sacerdotales o religiosas, trabajan por que en lo que puedan se dirijan con prudencia y entrega.

 

II. Oficio de quienes reconocen a Jesucristo en todo momento. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Medita conjuntamente con su respiración, aquellas palabras: "A todo aquel que me reconoce delate de los hombres, lo reconoceré Yo también delante de mi Padre que está en los cielos".

2.- Medita también las palabras de Jesús: "A todo aquel que me niegue delante de los hombres, Yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en los cielos".

3.- Meditan que esto significa una guerra santa, como lo declaró Jesús, por lo que están vigilantes de cumplir su oficio siempre.

4.- Piden ayuda siempre al Espíritu Santo, para obtener el don del discernimiento de Espíritus, a fin de poder declarar ante los hombres cuales son los actos de reconocimiento de Jesús, cuales no, y cuales son contrarios a El. Cuales allegan con El, y cuales desparraman, en todos los oficios humanos.

5.- Toman su cruz de cada día y siguen al Señor.

6.- No aman a cosa o creatura alguna más que a Dios.

7.- No buscan salvar su vida, sino perderla por causa de Jesucristo.

8.- Reciben en su casa, empresa o trabajo a los que son de Cristo, sólo por el hecho de serlo.

9.- No temen a hombres ni a espíritu maligno alguno, sino solamente temen a Dios y por ello lo confiesan diariamente con sus actos y predican su doctrina con la boca.

10.- No se preocupan por su vida, de cómo la sustentarán, ni por su cuerpo, de con qué lo vestirán, porque más vale la vida que el sustento y el cuerpo vale más que el vestido.

11.- Buscan primero el reino de Dios y su justicia y lo demás se les da por añadidura.

 

III. Oficio de quienes no rechazan, sino que acogen las señales de Dios. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Hacen penitencia de ayuno, vigilia y mortificación de todos sus cinco sentidos y potencias de voluntad, memoria y entendimiento, como lo recomienda San Juan de la Cruz.

2.- Visten ropas humildes y bajo de ellas traen un cilicio.

3.- Echan sobre su cabeza ceniza con frecuencia.

4.- Estas prácticas las hacen con voto de por vida y hay quienes viven de esta manera siempre, y hay quienes lo hacen por tiempo, sobre todo en los tiempos mayores de la liturgia: cuaresma y adviento.

 

VI. Oficio de quienes siempre hacen el bien. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Obran el bien con el prójimo a tiempo y a destiempo, cuando convengan o no convenga a los respetos y prejuicios humanos.

 

V. Oficio de quienes allegan todo con Jesús. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "El que no está conmigo, está contra mí, y el que no allega conmigo, desparrama".

2.- Allegan todos sus actos con Jesús y enseñan a los demás a hacerlo así; todos los frutos buenos provienen de Dios, y los malos, de las malas inclinaciones del hombre y del demonio.

3.- Enseñan con sus actos, y con sus palabras, por todos los medios disponibles a su alcance, todos los actos que allegan con Jesús, y todos los que apartan de El.

4.-Personalmente declaran ante cada uno de los hombres a su alcance, sobre las contradicciones de sus actos con sus palabras, cuando se dicen cristianos.

 

 

VI. Oficio de quienes no se guían por costumbres humanas. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Cumplen los mandatos de Dios, sin importar las tradiciones humanas y costumbres, contra toda opinión, a tiempo y a destiempo, en todo lugar.

2.- A aquellos que se dicen cristianos pero que obran de modo distinto, les hacen ver sus errores de la misma forma que Nuestro Señor lo hizo con los fariseos cuando le recriminaron por su mal entendido apego a las costumbres.

3.- Vigilan constantemente la rectitud de su corazón.

 

VII. Oficio de quienes se guardan de la levadura de los fariseos y saduceos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.-Repudian toda hipocresía que hayan practicado en el pasado.

2.- Se conducen de acuerdo con el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, tratando de que sus obras correspondan al Evangelio.

 

VIII. Oficio de quienes confiesan a Cristo como Hijo de Dios. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Confiesan que Cristo es el Hijo de Dios con todos los actos de su vida, y con sus palabras, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos.

2.- Proclaman y defienden al Papa como auténtico representante de Cristo en la Tierra y difunden la doctrina de la Santa Iglesia a través del catecismo autorizado.

 

IX. Oficio de quienes cargan la cruz de cada día. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Repiten y meditan constantemente las palabras de Cristo: "El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga, pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por causa mía, ése la salvará".

2.- En todas sus actividades cargan la cruz que representan sus responsabilidades, con alegría y humildad.

3.- Están dispuestos a morir incluso, por este servicio.

 

X. Oficio de quienes corrigen fraternalmente a sus hermanos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Cuando se percata de que un hermano comete alguna falta lo reprenden a solas.

2.- Si no hace caso, lo conmina al arrepentimiento juntamente con otros dos.

3.- Si no hace caso, denuncian ante la comunidad cristianamente el que no quiere corregirse.

4.- Si no hace caso a la comunidad, téngalo como uno que no es cristiano.

5.- Ofrece toda clase de sacrificios, oraciones y ayunos para su conversación.

 

XI. Oficio del perdón. Obligado para todos los cristianos.

 

1.- Todos están obligados a perdonar siempre, cuando son ofendidos por alguien, de palabra y de corazón, sin recordar la ofensa.

2.- Para ello, se ajustarán perfectamente a los siete votos, porque aquel que no perdone está fuera de la congregación de los cristianos, y aquel que perdone de boca, pero en su corazón mantenga el agravio tendrá por dicho el camino que le falta por recorrer en la negación de sí mismo para poder seguir a Cristo y deberá aplicarse a buscar la humillación, hasta someter a esa voluntad propia.

 

XII. Oficio de los que trabajan por el Reino de los Cielos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Están bien dispuestos en las horas litúrgicas para escuchar la voz del Señor, para trabajar en su jornal.

2.- No se inconforman contra sus hermanos que hayan recibido trabajo antes o después que ellos, aunque la paga sea la misma.

3.- Se hacen los últimos y los más pequeños en todo, para poder ser los primeros en el Reino de Dios.

 

XIII. Oficio común a todos; no juzgar a su prójimo.

 

1.- Si vieren a algún prelado o sacerdote cometiendo malas acciones no le juzgarán ni con la lengua ni con el corazón, sino que se atendrán a las palabras del Señor: "hagan lo que dice, pero no imiten sus obras".

2.- Ofrecen toda clase de oraciones y sacrificios para la conversión de dichos ministros.

3.- Cumplen con las obligaciones ciudadanas y con las obligaciones de cristianos que han contraído con el bautismo, esto es, ser perfectos como el Padre es perfecto.

4.- Aman a Dios con todo su corazón con toda su alma y con todas sus fuerzas, y al prójimo como a sí mismo.

 

XIV. Oficio común a todos. Responder favorablemente al llamado de Jesús.

 

1.- Considerarán todas las ocasiones desde la llamada a la existencia que como a Jerusalem, Dios ha llamado como una gallina para reunir debajo de sus alas a los pollitos, pero que en lugar de ello ha dado muerte a las buenas intenciones que provienen de Dios y las ha apedreado.

2.- Repetirá incesantemente: "Bendito el que viene en el nombre del Señor".

 

XV. Oficio común a todos. Trabajar responsablemente por el Reino de Dios.

 

1.- Los padres de familia enseñan a sus hijos la doctrina de Cristo a tiempo, esto es, desde muy pequeños y los allegan a los sacramentos de la Santa Iglesia.

2.-Los Sacerdotes se preocupan por celebrar responsablemente la Eucaristía, por exhortar a todos a la confesión y a la comunión, en especial administran los sacramentos a los moribundos.

3.- A semejanza de las vírgenes prudentes se encargan de mantener la lámpara de la Gracia Santificante en ellos encendida.

4.- A semejanza del criado responsable cumplen los oficios de su particular estado de vida, para dar fruto conforme a los talentos que Dios le dio.

 

XVI. Oficio común a todos. Cumplir las obras requeridas para ser llamados a la derecha del Dios.

 

1.- Dar de comer al hambriento, de deber al sediento, acoger al forastero, vestir al desnudo y visitar al enfermo y al encarcelado.

 

XVII. Oficio de amar a los enemigos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Aman a sus enemigos y hacen el bien a los que los aborrecen; bendicen a los que los maldicen y oran por los que los maltratan.

2.- Ponen la otra mejilla al que los golpea.

3.- Dan más al que les quita algo.

4.- Dan a todo el que les pide algo.

5.- No reclaman al que les quita algo.

6.- No esperan nada en pago por hacer el bien.

7.- Son misericordiosos como el Padre Celestial es Misericordioso.

8.- No juzgan para no ser juzgados.

9.- No condenan a nadie, para no ser condenados.

10.- Perdonan a todos, para ser perdonados.

 

XVIII. Oficio de los que sacan primero la viga del ojo propio antes de corregir a su hermano. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Antes de corregir a alguien primero se corrige a sí mismo.

2.- Antes de corregir a alguien declara que tiene una viga en su ojo propio, que es tal pecado, y por amor a Cristo, busca sacarla, incluso con la ayuda de la persona a quien pretende corregir, y posteriormente declara la corrección fraterna.

 

XIX. Oficio de quienes ponen en práctica la enseñanza de Jesús, y construyen su salvación en terreno firme. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Meditan constantemente las palabras del Señor: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?", y cumplen los mandatos del Señor expresados en esta regla.

 

XX. Oficio de los que se someten a la prueba decisiva. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Harán una bolsa espiritual en la que guardarán todas las buenas obras para entregarlas a la Santísima Virgen María.

 

7.- Se desprenden de su manto, esto es la vergüenza, para adquirir la espada de la Fe, con la que combatirán por el Reino de Dios y su justicia, cumpliendo los oficios señalados en esta regla mínima de vida.

 

XXI. Oficio del temor a traicionar al Señor, común a todos.

 

1.- Diariamente, ante la tentación escucharán las palabras del Señor: "En verdad les digo que uno de ustedes me entregará".

2.- Se entristecerá y preguntará: "¿A caso seré yo, Señor?" Se encomienda y recogiéndose en la Santísima Virgen María deja que ella rechace la tentación por él.

 

Costumbres diversas de quienes imitan a Jesucristo, Hijo de Dios, verdadero Hombre.

Recomendaciones:

 

1.-Una vez que se han grabado en el corazón los oficios obligatorios para todos los cristianos y que se viven cotidianamente, como una forma propia de conducta cotidiana en el amor de la Virgen Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo, y quiere adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, lea y medite cada día los siguientes oficios, tome aquel al que lo guíe el Espíritu Santo con la Virgen de Guadalupe y cúmplalo diariamente, como se recomienda.

2.-Si el Espíritu Santo lo guía a adquirir varios oficios, hágalo, con la prudencia y la santidad requerida. Si lo guía a cambiar de oficio, también hágalo, no sin antes haber hecho como parte de sí al que le antecede.

 

 

 

 

I.          Costumbres de quienes imitan a Jesús, María y José antes, durante y después del parto de María.

 

1.- Imita diariamente a la Santísima Virgen María en todos sus actos, como si fuese ella, antes, durante y después del parto.

2.- Practica diariamente la justicia en todos sus actos, como San José y practica y vive el que está engendrando a Cristo.

3.- En su corazón se alimenta con la vivencia de que en él mismo se está formando a Cristo, por lo que no tienen más alimento que la protección de la Santísima Virgen María en su vientre purísimo y el amor de San José.

4.- Al amanecer se da cuenta de que Jesucristo ha sido concebido dentro de su ser y lo formará durante el día con todos sus actos.

5.- Antes de dormir se atendrá a que debe proteger durante la noche al Señor que en El se engendra, con una vigilancia estrecha de sus actos.

6.- Partirá el sueño por la mitad, ante la urgencia del parto, de que el Señor llega en cualquier momento.

7.- Arrullan incesantemente el Niño Jesús en el pesebre humilde de su corazón, y le proporcionan calor la rendición de todos sus sentidos y de todo su ser, en todo momento, con todos sus actos.

8.- Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día.

 

II.         Para los que viven a semejanza de los Santos Reyes Magos.

 

1.- Viven imitando a la Santísima Virgen María, con, en y para Ella.

2.- Parten en sueño para buscar al Niño Jesús, con grande inquietud y ardiente deseo de conocerlo y de adorarle.

3.- Analizan toda su conducta y reconocen toda imperfección y ocasión de pecado, para huir de estas; protegen al Niño Jesús, dándole la vuelta a estas, no enfrentándolas.

4.- Con las pruebas que se les allegan, consultan a la Santísima Virgen, las soportan con paciencia hasta que terminan, y no se vuelven para considerar sobre estas.

 

5.-  Rezan  la liturgia de las horas, siguiendo el ritual cartujano.

 

III.        Para los que imitan a la Sagrada Familia Huyendo de Egipto.

 

1.- Parten el sueño por la mitad con la urgencia de tomar a Jesús y a María y allegarse al lugar seguro de la oración; al Egipto de su corazón, que debe estar limpio y seguro en el amor de Dios; alejado totalmente de todos los peligros que contra la gracia de Dios.

 

IV.       Para los que imitan a los Santos Inocentes.

 

1.- Consideran al levantarse al acostarse y al partir al sueño por la mitad, todas las veces que han matado a las buenas intenciones, al estado de gracia, con la tibieza, las imperfecciones y con el pecado venial y mortal, como Herodes asesinó a los inocentes. Lloran por ello al observar la gravedad de su crimen.

2.- Quieren asemejarse a esos niños asesinados por causa de Jesucristo y recibir el bautismo de la sangre y del dolor de todas aquellas madres. Meditan en ello diariamente al levantarse, al acostarse y al partir el sueño por la mitad, hasta obtener el ensanchamiento de su corazón y la inocencia infantil.

 

V.        Para quienes imitan a la Sagrada Familia volviendo de Egipto.

 

1.- Sosegados sus cinco sentidos; su inteligencia y su voluntad apaciguados en Cristo, se levantarán diariamente buscando la voluntad de Dios en el amor a El sobre todas las cosas y al prójimo como así mismo, alejándose de todo aquello, por minucioso que sea, que pudiese terminar en pecado.

 

VI.       Para quienes imitan a San Juan Bautista.

 

1.- Estudian y meditan diariamente las Sagradas Escrituras.

2.- Buscan la soledad de montañas y desiertos para estar  con la Santísima Trinidad y hacen un voto especial de permanencia en la soledad.

3.- Denuncian por todos los medios a su alcance al pecado en sus distintas manifestaciones.

 

VII.      Para quienes imitan a Jesús en el desierto.

 

1.- Hacen un voto especial de permanencia en la soledad y ayunan. Comen y beben lo estrictamente indispensable para su supervivencia y buena salud.

2.- Luchan contra las tentaciones del demonio solos y desnudos por el desierto.

 

VIII.     Para quienes quieren seguir a Jesús a semejanza de los apóstoles.

 

1.- Escuchan diariamente las palabras de Jesús; "Sígueme", las meditan y siguen diariamente al Señor con todos sus actos.

2.- Imitan al Señor en el desprendimiento, de quien no tiene una piedra para recostar su cabeza, y tampoco afectos humanos que les retengan o distraigan en el seguimiento, sino que cada cosa la ponen en su lugar y pretenden amar como Dios ama.

 

IX.       Para quienes viven las bienaventuranzas.

 

1.- Practican diariamente la pobreza de espíritu, desprendiéndose de todo, para poseer el Reino de los Cielos.

2.- Son pacíficos y apacibles en todos sus actos, para poseer la tierra de sus propios cuerpos.

3.- Lloran diariamente por todos sus pecados y los pecados de todos los hombres, para ser consolados por Dios.

4.- Tienen hambre y sed de la justicia divina en toda la creación, para ser saciados con la posesión de la justicia divina.

5.- Son misericordiosos en todos sus actos, para obtener misericordia.

6.- Practican la pureza de corazón en todos sus actos, para alcanzar la virginidad que provine de la Santísima Virgen María, para poder ver a Dios.

7.- Procuran la paz en todas sus relaciones con el prójimo y en las relaciones entre los hombres, para ser llamados hijos de Dios.

8.- Buscan ser perseguidos por causa de la justicia, para poseer el Reino de los Cielos.

9.- Buscan ser injuriados, perseguidos y acusados falsamente por causa de Jesucristo, para que su premio sea grande en el Reino de los Cielos.

 

X. Oficio para los que quieren ser luz del mundo y sal de la tierra.

 

1.- Realizan todas las obras buenas, diariamente a los ojos de los hombres para dar gloria a Dios, y no para gloria de sí mismos.

 

XI.       Para los que quieren cumplir y enseñar a cumplir los preceptos de Dios.

 

1.- Cumple todos los 10 mandamientos y ama a su prójimo como a sí mismo, y enseña eso a sus semejantes, con todos los medios a su alcance.

 

XII.      Para los que quieren tener una virtud mayor a la de los escribas y fariseos y quieren ser perfectos como el Padre Celestial es Perfecto.

 

1.- Cumplen cabalmente todos los ordenamientos y recomendaciones de Jesucristo para poder entrar en el Reino de los Cielos. No se encolerizan contra otros hombres, ni le dicen tonto o lo injurian, ni tampoco sienten eso en su corazón, aunque no lo digan; buscan siempre la reconciliación con quien han ofendido o se siente ofendido; no se permiten malos deseos sexuales en su corazón; no se divorcian bajo ningún pretexto de su esposo o de su esposa; dicen siempre la verdad.

2.- No hacen resistencia al hombre malo y ponen la otra mejilla a quien los ha agraviado; a quien tiene algo en su contra le dan no solamente lo que quiere, sino otro tanto, si lo tienen; a quien quiere que haga algún trabajo en su favor, le hacen el doble trabajo.

3.- Dan al que les pide todo aquello que no contravenga la ley de Dios, y no dan la espalda a quien les pide dinero prestado.

4.- Aman a sus enemigos con todo el corazón y oran por ellos y por quienes los persiguen.

 

XII.      Para lo que quieren hacer buenas obras para ganar el Cielo.

 

1.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

2.- Buscan hacer buenas obras en secreto, sin que nadie se de cuenta; si los demás se dan cuenta proclaman por amor a Dios.

3.- Dan limosna en secreto y alejan de sí todo sentimiento de soberbia.

4.- Hacen oración en el de su cuarto y no proliferan palabras de peticiones, sino que rezan el Padre Nuestro siempre, o el Santo Rosario. Solo piden que se haga la Voluntad de Dios en ellos y en todos los hombres.

5.- Ayunan diariamente y lo hacen con mesura y prudencia, sin alterar su salud y procuran que nadie se de cuenta.

 

XIII.     Para los que quieren atesorar en el Cielo.

 

1.- Conocedores de que el dinero es malo por naturaleza y que no pueden servir a Dios y al dinero, usan de este solamente para hacer el bien a su prójimo, independientemente de la cantidad que tengan. Si su trabajo se relaciona con empresas o negocios para acrecentar el dinero, lo hacen sin violar los 10 mandamientos ni la caridad cristiana y con el objetivo de beneficiar con este a trabajadores, empleados y gente pobre.

2.- No se preocupan por lo que comerán o beberán por su desprendimiento, porque confían en Dios que les proveerá de lo necesario para vivir en su servicio.

3.- Buscan primero el Reino de Dios y su justicia,  porque Dios les dará lo demás por añadidura, como El así lo determine.

4.- No se preocupan por el día de mañana, porque Jesucristo ha dicho que a cada día le basta su preocupación.

 

XIV.    Para los que quieren alcanzar el Reino de los Cielos pidiendo y dando.

 

1.- No juzgan a nadie, para no ser juzgados por Dios y ser condenados.

2.- Miran antes su mal proceder, antes de recriminar a otro el suyo.

3.- Tratándose de quienes obran como paganos y su proceder no daña a otros tergiversando la verdad y haciendo creer que lo malo es bueno y viceversa, no predican de palabra a los que manifiestamente obran como paganos en contra de Dios, sino que a estos solamente les predican con sus obras, rezan y ofrecen sacrificios por ellos.

4.- Piden y tocan a la puerta del Señor, porque saben que todo lo que pidan les será dado cuando esto es congruente con el plan de salvación.

5.- Hacen al resto de los hombres todo aquello que quieren que se les haga a ellos.

 

XV.     Para los que quieren conocer la verdadera doctrina del Jesucristo y entrar por la puerta angosta.

 

1.- No se dejan llevar por novedades de predicación, sino solamente por el fuego del Espíritu Santo y con prudencia, oración y ayuno solicitan el don de Discernimiento de Espíritus para conocer y practicar la verdadera doctrina. Tienen en el Papa y los obispos de la Santa Iglesia Católica a sus guías y cuando alguno de estos escandaliza a la iglesia, oran por él y ofrecen sacrificios para su conversión.

2.- Se preocupan por dar diariamente frutos buenos con la práctica constante de la virtud, del cumplimiento de los 10 mandamientos, las obras de misericordia y el amor al prójimo.

3.- Lee y medita diariamente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y o vive, para construir su casa futura sobre roca firme.

 

XVI.    Para los que quieren imitar al leproso del  

                Evangelio.

 

1.- Considerándose de todo corazón como un leproso, por sus pecados y los pecados de toda humanidad, diariamente rompe en llanto frente al Santísimo y le dice: "Si quieres puedes curarme", y escucha en su corazón las palabras del Señor: "Quiero".

 

XVII.   Para los que quieren imitar al centurión del 

                Evangelio.

 

1.- Diariamente van a la iglesia y ante el Santísimo exclaman de sí mismos, por todos sus pecados y faltas: "Señor, mi criado está enfermo en casa", y escucharán las palabras de Jesús: "Iré a tu casa", a lo que responderán: "Señor, no soy digno de que entres a mi techo, basta con que lo ordenes y sanará".

2.- Si tiene gente bajo su responsabilidad, además diariamente irá a la Iglesia y ante el Santísimo exclamará y escuchará las mismas palabras. Diariamente meditará la grave responsabilidad de tener gente bajo su cargo y la obligación cristiana de buscar su salud y la de sus almas, y una mayor fe que la del resto de la gente y anhelará escuchar, al final de sus días, las palabras de Jesús: "En ningún israelita he encontrado una fe tan grande como la de este hombre".

 

XVIII. Para quienes quieran imitar a la Suegra de San Pedro.

 

1.- Diariamente al levantarse, considerarán la gravedad de su estado en la vida, y anhelarán que Jesucristo llegue a tocarle la mano, para curarse. Así iniciarán las labores de cada día en su servicio del prójimo hasta el anochecer, cuando al acostarse pedirán la mano del señor, para continuarle sirviendo.

 

XIX.    Para quienes están enfermos y quieren cumplir la voluntad de Dios.

 

1.- Como una jaculatoria incesante, tal cual su respiración, repetirán con todo su corazón y su entendimiento las palabras del profeta Isaías: "Tomó nuestras enfermedades y se echó a cuestas nuestros males". Si por su estado de enfermedad, se les imposibilita repetir estas palabras, lo harán con toda su voluntad y entendimiento, aunque no salgan palabras.

 

XX.     Para quienes estando en Estado Gracia, se han entibiando o sufren tribulaciones y quieren ser aliviados por Jesucristo de esa situación.

 

1.- Se confiesan y comulgan diariamente, si es posible.

Si no al menos harán el acto de contrición y comulgarán espiritualmente.

2.- Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.

3.- Imitan diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.

4.- Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día; parte el sueño para rezar Maitines. Si  no pueden hacerlo así, por restricción de su enfermedad, rezarán con todo su corazón y entendimiento siete padres nuestros siete veces al día. 

5.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

6.- A semejanza de los discípulos en la barca, ante el viento y las alas dirán juntamente con su respiración, diariamente: "Señor sálvanos que perecemos", y escucharán las palabras de Jesús: "¿Por qué te acobardas, hombre de poca fe?".

 

XXI.    Para los que son llamados y quieren hacer el oficio de los apóstoles cuando fueron llamados a predicar.

 

1.- Cuidan a los enfermos.

2.- Enseñarán el catecismo a los que no lo conocen y les leen el evangelio de Jesucristo, los convocan a ir a misa.

3.- Llevan a confesar a quienes están en pecado mortal.

4.- Se mortifican, oran y ayunan por los que están enredados en el pecado.

5- No reciben nada a cambio de su servicio.

6.- Son itinerantes, y este trabajo lo hacen de por vida, habiendo hecho un voto al respecto. También hay quienes habiendo hecho esto con sus seres más próximos, también lo quieren hacer con otros y disponen de tiempos para hacerlo, por lo que pronuncian el voto de hacer este oficio en particular y en cada tiempo dispuesto lo hacen, con humildad corazón puro y callado.

7.- No llevan dinero alguno.

8.- Solamente llevan la ropa que traen puesta, ni tienen dos mudas de ropa durante su oficio.

9.- Caminan descalzos y no usan bastón.

10.- Cuando llegan a una localidad, preguntan quien es la persona más digna y le solicitan hospedaje y allí se quedan hasta haber terminado su trabajo y después se retiran.

11.- Cuando entran a la casa de esta manera: "La paz sea en esta casa".

12.- Si en una casa o localidad no los reciben ni escuchan sus palabras, al salir sacuden de sus pies el polvo.

13.- Meditan que son ovejas en medio de lobos.

14.- Piden al Espíritu Santo discernimiento suficiente para ser prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.

15.- Se cuidan de los hombres cuyas insidias son para presentarlos ante los enemigos de Cristo.

16.- Cuando son entregados a estos, no se preocupan como hablan, sino que confían en el Espíritu Santo, quien guía su lengua.

17.- Cuando los persiguen en una ciudad huyen a otra.

 

 

 

 

XXII.   Oficio de los que alcanzan el Reino de los Cielos con violencia.

 

1.- Emprenden una guerra constante en contra de sus cinco sentidos, y de su propia voluntad. Siguen para ello todas las recomendaciones de San Juan de la Cruz.

2.- Tienen un celo grande de ofrecer a Dios toda su vida obras presentes, pasadas y futuras, para que todos los hombres vayan al Cielo, por lo cual están dispuestos a ofrecerles en particular con el voto de Víctima de Amor.

 

XXIII.  Oficio de los que se hacen pequeños.

 

1.- Buscan con todos sus actos, el ser tenido en nada, e incluso el ser despreciado.

2.- Buscan con todos sus actos servir a todos, sin descanso.

3.- Acude al Señor diariamente, fatigado y abrumado por la carga, para que El lo alivie; se pone el yugo del Señor sobre sí.

4.- Medita y repite con su respiración: "Aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón". "Mi yugo es suave y mi carga es ligera".

5.- Medita aquellas palabras: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quien el Hijo quiera revelárselo".

 

XXIV.  Oficio de quienes obran como madre y hermanos de Jesús.

 

1.- Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "Quienquiera que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

 

XXV.   Oficio de los que dan fruto con la semilla del Reino de Dios.

 

1.- Vigila siempre todo lo que escucha, especialmente el Evangelio, para entender el mensaje de Cristo y la respuesta que debe dar a este.

2.- Procuran tener buenas obras, para que Dios se las multiplique.

3.- Procura ver todo cuanto le rodean para entender el mensaje de Dios y la aplicación de Evangelio.

4.- Procura entender el mensaje evangélico y pregunta a los sacerdotes, cuando no lo entiende para que se lo expliquen y pueda ponerlo en práctica.

5- Procura evitar la inconstancia en sus actos, para mantenerse en el seguimiento del Evangelio en la tribulación y cuando no la hay.

6.- Vigila que las preocupaciones de la vida, como casa, vestido y sustento, no le impidan cumplir siempre con el Evangelio.

7.- Ora y ofrece acciones para ser tierra buena y rendir los frutos del Evangelio y darlos al 10, al 60 o al 30 por ciento, según su entrega de Dios.

 

 

 

 

 

XXVI.  Oficio de los que practican las obras de Dios, pero están rodeados de personas que obran el mal.

 

1.- Evita el enfrentamiento con quien hacen obras malas y no busca su ruina, sino que ora por ellos y ofrece sacrificios.

 

XXVII. Oficio de los que quieren ser como el grano de mostaza.

 

1.- Procuran realizar diariamente y en cada momento las buenas obras para alimentar al Estado de Gracia, celosa y cuidadosamente con la Santísima Virgen María hasta ver crecer ese árbol y anidar en él celo por hacer más buenas obras.

 

XXVIII.           Oficio de quienes buscan el tesoro escondido y la perla fina del Reino de los Cielos.

 

1.- Vigila para encontrar siempre el servicio al prójimo en todas sus obras y después del servicio lo oculta del halago y del orgullo.

2.- Siendo empresario o tratándose de hombres ricos, utilizan toda su riqueza para el beneficio de sus semejantes. Toda su actividad negociadora se orienta hacia el servicio de sus semejantes, en especial de los que menos tienen.

 

XXIX.  Oficio de los operan la red del Reino de los Cielos.

 

1.- Vigila que su conciencia en todo momento identifique sus actos buenos, para proliferarlos, y los actos de omisión para sustituirlos por bien.

 

XXX.   Oficio de los que quieren dejar de ser incrédulos.

 

1.- Vigila a todos cuantos les rodean para imitar sus obras buenas y aprender de su sabiduría, considerada esta acorde con el Evangelio y la doctrina de la Iglesia.

2.- Vigila especialmente imitar las buenas obras de cuantos están cerca de él, sin importar su parentesco o edad.

 

XXXI.  Oficio de quienes quieren imitar a Juan Bautista cuando estuvo preso.

 

1.- Consideran a la cárcel como un monasterio liberador, no como una prisión.

2.- Vigilan constantemente su conducta para no caer en pecados o faltas, a causa de los sistemas internos operantes.

3.- Proclaman con su conducta que son imitadores de Juan Bautista y de Cristo.

4.- Enseñan a los demás presos a realizar este oficio.

5.- Ofrecen diariamente todos sus actos a favor de todos cuantos están presos y de todos los pecadores del mundo, y de todos cuantos siguen los pasos de Cristo.

 

XXXII. Oficio de los que quieren alimentar a los demás.

 

1.- Procuran llevar al sacerdote para que confiese a los enfermos y procuran llevarles la comunión.

 

XXXIII.           Oficio de quienes imitan a Pedro cuando vio al Señor venir sobre las aguas.

 

1.- Vigilan en todas las situaciones que les rodean durante cada día, para identificar al Señor, que viene y escuchan las palabras "Tranquilízate, Yo soy; no tengas miedo", y dicen entonces: "Señor, si eres Tú, mándame que vaya a  encontrarte sobre las aguas", y escuchan las palabras del Señor: "Ven".

2.- En todo momento piden Fe, para identificar al Señor, y cumplir con su mandato.

3.- Esta práctica la realizan siempre, sobre todo en ocasiones de imperfecciones y tentaciones.

 

XXXIV.           Oficio de quienes imitan a la mujer cananea.

 

1.- Imitan a la mujer cananea quienes no habían pertenecido a la Santa Iglesia y quieren ser bautizados en la Santa Iglesia Católica. También quienes siendo bautizados, han vivido en pecado por largos periodos.

2.- Para caminar por este sendero pronunciarán como una jaculatoria: "También los perrillos comen las migajas que caen de las mesas de sus amos", y buscarán tener la grandeza de Fe de la mujer cananea.

 

XXXV.            Oficio de los que dan de comer a los hambrientos que siguen a Jesús.

 

1.- Reparten entre los hambrientos la comida que tengan, rogando al Señor, que esta comida alcance.

2.- Se preocupan y trabajan para que estos se confiesen y comulguen diariamente, para que de esta forma accedan al pan del cielo.

 

XXXVI.           Oficio de quienes se han dejado guiar por toda clase de señales y no han cumplido con los mandatos de Dios.

 

1.- Escudriñan y guardan en su corazón el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

2.- Se alejan de toda novedad de apariciones o mensajes no aprobados o reconocidos por la Santa Iglesia y se limitan al cumplimiento del Evangelio.

3.- Se comprometen a seguir alguno de los oficios contenidos en esta regla.

 

XXXVII.          Oficio de quienes quieren transfigurarse con Cristo.

 

1.- Cumplen estrictamente todas las disposiciones evangélicas para poder escuchar a Dios Padre y seguir a Cristo radicalmente en el camino de la cruz.

2.- Prefieren la cruz de Cristo, a cualquier otra cosa en esta vida.

 

XXXVIII.         Oficio de quienes quieren tener la Fe semejante a un grano de mostaza.

 

1.- Aman la oración y el ayuno.

2.- Piden incesantemente tener la Fe como un grano de mostaza, para poder seguir fielmente el camino de la cruz.

 

XXXIX.           Oficio de los que quieren ser los más grandes en el Reino de los Cielos.

 

1.- Se hacen inocentes como niños.

2.- Repudian la hipocresía en sí mismos, para evitar escandalizar a la Iglesia.

3.- Aman a todos los pequeños y despreciados del mundo.

4.- Trabajan por la conversión de los pecadores, con ayunos, oraciones, mortificaciones y trabajo pastoral.

 

XL.      Oficio de los catequistas.

 

1.- Meditan y repiten ordinariamente las palabras del Señor: "Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos; yo les aseguro que quien no se haga como uno de estos pequeños, no entrará en el Cielo".

2.- Procuran enseñar el catecismo aprobado para recibir la Primera Comunión y enseñar el catecismo general de la Iglesia después de la Primera Comunión.

3.- Procuran hacerlo de acuerdo con los reglamentos de la Orden de los Caballeros Portadores de la Cruz de Cristo y del Templo del Espíritu Santo.

 

4.- Buscan adquirir la pureza virginal de los niños, a través de todos sus actos, para asemejarse a ellos.

 

XLI.     Oficio de quienes se hacen Eunucos por el Reino de los Cielos.

 

1.- Quienes están casados se obligan a cumplir el voto de castidad bajo la espiritualidad del sacramento del matrimonio, y se entregarán mutuamente como lo recomienda la Santa Iglesia.

2.- Quienes están casados y quieren abstenerse lo harán de mutuo acuerdo. Si no hay acuerdo, se apegarán al punto anterior.

3.- Quienes están casados y quieren hacerse eunucos como lo recomienda el Señor, lo harán de mutuo acuerdo, y se guardarán a semejanza de San José y la Santísima Virgen María, hasta adquirir los dones de ellos.

4.- Quienes están solteros se obligan a abstenerse de toda relación sexual o familiaridad.

5.- Quienes son novios se obligan al respeto mutuo de sus cuerpos, sin permitirse familiaridades.

6.- Quienes son viudos se obligan a abstenerse de relaciones sexuales y familiaridades.

7.- Quienes han sido abandonados por su cónyuge se obligan a abstenerse de toda relación sexual con otras personas y también de familiaridades.

8.- Si alguien no pretende casarse, no buscará novio o novia, y se abstendrá de toda relación sexual o familiaridad.

9.- Quienes escuchando el llamado del Señor al Sacerdocio o a la vida religiosa quieren seguir este camino, se abstienen totalmente del trato con efectos que puedan conducir a familiaridades con hombres y con mujeres.

10.- Todos viven en la esperanza de la resurrección de la carne, amando a todos como Cristo los ama.

 

XLII.    Oficio de los que quieren ser perfectos.

 

1.- Cumplen perfectamente los 10 mandamientos de la Ley de Dios.

2.- Venden todas sus propiedades, y el producto de esta venta lo reparten entre los pobres, para tener un tesoro en el cielo, cumple el Evangelio siguiendo uno o varios de los oficios aquí señalados.

3.- Anteponen el seguimiento de Cristo a la posesión de casas, hermanos o hermanas, padre, madre, esposo/a e hijos.

 

XLIII.   Oficio de los que quieren ser los primeros en el Reino de Dios.

 

1.- Se hacen servidores y criados de todos sus prójimos, en todos los oficios que haya a lugar, buscando lo más humilde y lo que nadie quiere hacer.

 

XLIV.  Oficio de los que quieren que Cristo los haga ver.

 

1.- Diariamente, como una jaculatoria incesante repetirán: "Señor, Hijo de David, Compadécete de nosotros".

2.- Pedirán ver al Señor, y lo seguirán cumpliendo el Evangelio siguiendo alguno o varios de los oficios que aquí se indica.

 

XLIV.  Oficio de quienes obedecen al Señor para entrar en Jerusalén a cumplir con su pasión.

 

1.- Disponen todo su cuerpo y su alma para recibir diariamente al Señor de la Eucaristía, como se hace obedecer a un burro.

2.- Entregarán diariamente al Señor que marcha dentro de ello, todos sus vestidos y las palmas de sus buenas obras, y en cada una de estas dirán: "Hosanna al Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en lo  alto de los cielos”.

 

XLV.   Oficio de los que quieren que Jesús eche a los mercaderes del templo, que es su propio cuerpo.

 

1.- Desprenderán de su corazón la posesión de toda clase de cosas y de actividades distintas al Señor y entronizarán en él a Cristo, y constantemente repetirán aquellas palabras del Señor: "Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones". Esto lo repetirán incesantemente a sus sentidos externos e internos, a su voluntad y a su entendimiento.

2.- Siempre estarán prestos a que su cuerpo sea la casa de oración que Cristo quiere.

 

XLVI.  Oficio de los que son como la higuera estéril y quieren dar fruto.

 

1.- Diariamente se repiten a sí mismos, "El Señor tuvo hambre y viendo una higuera junto al camino, se dirigió a ella, pero no halló más que hojas, entonces dijo: "Que nunca jamás produzcas frutos. Al punto la higuera se secó". Después de repetir varias veces y con profunda compunción del corazón rompe en llanto, exclamando "puras hojas has encontrado en mí cuando me has buscado, y cuando hay algo más, son frutos y zumos amargos... Mi Señor, dame Fe para darte frutos dulces a tu boca”.

2.- Orarán constantemente con Fe, para dar frutos buenos, y cumplirán con uno o varios oficios de los aquí señalados. Se alejarán de toda apariencia, para podar todas las hojas que los envuelven y llenarse de frutos agradables a Dios.

 

LXVII. Oficio de los que imitan al hijo que cumple con la voluntad del Padre.

 

1.- Se arrepienten diariamente de todas sus culpas rompiendo en llanto por haber ofendido a Dios.

2.- Cumplen con uno o varios de los oficios señalados en esta mínima regla.

 

LXVIII.            Oficio de quienes se han comportado como viñadores homicidas.

 

1.-       Considerarán que han golpeado, matado y apedreado a la gracia recibida en el bautismo, con sus pecados.

2.- Con la piedra angular que es Cristo, con la imitación diaria de El, imitando a la Santísima Virgen María, aplastarán todos sus pecados, tentaciones y malas inclinaciones.

 

LXIX.  Oficio de quienes quieren asistir a la boda del Hijo del Señor.

 

1.- Considerarán la situación de pecado en la que encuentran y romperán en llanto al darse cuenta de todas las veces que fueron invitados a entrar al banquete del Señor, y que las rechazaron, incluso maltratando a quienes eran los mensajeros. Esto lo harán diariamente y a cada momento.

2.- Dejarán que el Señor con sus tropas pase a cuchillo a aquellas conductas e intenciones torcidas a que dio lugar para no asistir al banquete y que la ciudad, esto es, todo su ser sea incendiado para quemar todo reducto de estas inclinaciones.

3.- Se convertirán en personas humildes y se pondrán en el camino de la salvación para entrar al convite, con el traje de la Gracia Santificante.

 

 

 

 

L.        Oficio de quienes imitan a la mujer pecadora.

 

1.- Diariamente cada humillación, cada negación de sí mismos y cada buena obra, como si fuera un perfume agradable a Jesús, pensarán que lo derraman sobre los pies y sobre la cabeza del Señor.

2.- Diariamente llorarán sus pecados, y pensarán que en el llanto lavan los pies del Señor.

 

LI.       Oficio de quienes imitan al ladrón arrepentido.

 

1.- Diariamente se reprenden a sí mismos diciendo: "Tu ni en el mismo suplico temes a Dios. Nosotros recibimos el justo castigo por nuestros pecados, pero este nada a hecho".

2.- Después dirán: "Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino". Y escucharán las palabras del Señor: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso".

 

LII.      Oficio del que vela y ora.

 

1.- Para disponerse a la oración, considerarán las palabras del Señor: "Siéntense allí mientras yo hago oración" y "velen y oren para no entrar en tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil".

2.- Tras la oración nocturna, meditarán las palabras del Señor: "Sigan durmiendo y reposen, porque ya llegó la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores. Levántense, vamos; ya viene el que me entrega".

 

LIII.     Oficio de quienes han traicionado al Señor con el pecado, y quieren volver al Padre.

 

1.- Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salud, Maestro", y las palabras del Señor: "Amigo, a lo que viniste", acto seguido romperán en llanto con toda compunción de su corazón.

2.- Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salieron a aprehenderme armados de espada y de palos, como si fuera Yo un bandido, siendo que todos los días estaba enseñando en el templo", y continuarán llorando, y responderán al Señor: "Perdóname mi Señor, soy un pecador y quiero tenerte siempre preso en mi corazón”.

 

LIV.     Oficio de los que traicionaron al Señor y se arrepienten como San Pedro.

 

1.- Después de meditar con el oficio precedente, meditarán que han negado al Señor con las siguientes palabras: "Tu también estabas con Jesús de Nazaret": "Yo no conozco a ese hombre"; "Tu también eres uno de ellos": "Yo no conozco a ese hombre". Acto seguido imaginarán escuchar a un gallo cantar tres veces. Romperán en llanto amargamente, pidiendo perdón postrados en el suelo.

 

LV.      Oficio de quienes imitan a Simeón y a la profetisa Ana.

 

1.- Ordinariamente sirven en capillas, iglesias y parroquias, dándose a las tareas más humildes, como lo son los aseos y lavar y planchar los ornamentos sacerdotales.

2.- No se involucran en discusiones ni en los problemas referentes a los grupos diversos que se forman en torno a las iglesias, sino que los sirven a todos por igual, en espera de la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

3.- Ayunan y ofrecen oraciones constantemente a Dios.

 

LVI.     Oficio de quienes imitan a Jairo.

 

1.- Piden constantemente al Señor por que traiga a la vida a quienes viven como muertos, por el pecado.

2.- Ofrecen toda clase de oraciones, ayunos, abstinencias, humillaciones, sacrificios, todo para obtener el favor del Señor.

 

LVII.    Oficio de quienes imitan a Martha y María.

 

1.- Practican la regla de los eremitorios de San Francisco de Asís, consistente en que uno hace el oficio de Martha y el otro el de María. Esto es, que durante un tiempo acordado, uno se dedica a la oración contemplativa, como María a los pies del Señor, mientras que otro/a hace el oficio de Martha, eso es se ocupa del sustento del que contempla. Después cambian de lugar y así sucesivamente.

 

LVIII.   Oficio de los oran como enseño Jesús.

 

1.- Diariamente rezan sin cesar el Padre Nuestro, vocal y mentalmente, hasta alcanzar la contemplación y la unión con Dios a través del cumplimiento de todas sus responsabilidades en la ordinaria imitación de la Santísima Virgen María y de Cristo.

 

LIX.     Oficio de los que imitan al Hijo Pródigo.

 

1.- Reconociendo diariamente que han obrado mal, recordarán sus faltas y romperán en llanto diciendo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo: tenme como uno de tus jornaleros". Verán el rostro del Señor enternecido y lo abrazarán con todo su ser y prometerán cumplir su voluntad que es amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo.

 

LX.      Oficio de los que imitan al administrador astuto.

 

1.- Utilizan todos sus bienes y su dinero para servir a su prójimo y aliviar sus necesidades.

 

 

LXI.     Oficio de quienes imitan al publicano que sale justificado del templo.

 

1.- Diariamente en la misa se colocan hasta atrás y no se atreven a alzar los ojos al cielo --esta actitud la adoptan siempre en su conducta ordinaria-- y se dan golpes de pecho diciendo: "Señor apiádate de mi, pecador".

 

LXII.    Oficio de los que imitan a Zaqueo.

 

1.- A semejanza de Zaqueo reparten la mitad de sus bienes a los pobres y a quienes haya perjudicado les indemniza cuatro veces.

 

LXIII.   Oficio de quienes imitan a los novios de las Bodas de Caná.

 

1.- Los esposos siempre invitarán a Jesús y a María a su mesa, todos los días, para la comida familiar.

 

2.- Cuando se les ha terminado el vino de la devoción y cuando se presentan problemas, invocarán a la Santísima Virgen María para que ella provea de buen vino, con su Hijo.

 

LXIV.  Oficio de quienes imitan a la mujer samaritana.

 

1.- Diariamente escucharán las palabras del Señor: "Dame de beber", y se dispondrán a dar de beber al señor el agua de las buenas obras.

2.- Diariamente acudirán a la fuente de los Sacramentos de la Santa Iglesia a participar de ellos, principalmente la confesión y la comunión y acrecentar el agua viva con sus buenas obras y con toda su vida. Se acordarán de aquellas palabras del Señor: "El que tenga sed, que venga a mí y que beba".

 

LXV.   Oficio de quienes imitan a la mujer adúltera arrepentida.

 

1.- Diariamente considerarán que son reos de ser apedreados por haber pecado y porque Dios los ha sorprendido en el momento mismo del pecado, considerando aquí también el de juzgar a sus semejantes.

2.- Considerarán con lágrimas en los ojos aquellas palabras del Señor: "¿Dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno, vete y ya no vuelvas a pecar".

 

LXVI.  Oficio de quienes lavan los pies a su prójimo.

 

1.- Realizan toda clase de obras humildes, en especial limpiar los pies y el calzado de su prójimo, como una señal de amor. Ofrecen toda clase de sacrificios por sus pecados y por los pecados de su prójimo, con lágrimas en los ojos.

 

 

 

 

LXVII. Oficio de quienes se arrepienten con San Pedro de haber traicionado al Señor.

 

1.- Escucharán diariamente las palabras del Señor: "Simón Hijo de Juan, ¿Me amas más que estos?, y responden: "Sí Señor, ya sabes que te amo". Por segunda ocasión escucharán al Señor: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?", y contestarán: "Sí Señor, bien sabes que te amo". Por tercera ocasión escucharán "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?", y responderán con lágrimas en los ojos: "Señor, Tu sabes todas las cosas; Tú sabes ciertamente que te amo".

Subida al Cerro del Tepeyac. Textos que fundamentan la espiritualidad crucifera.